En el verano de 1959 llegué a París con poco dinero y la promesa de una beca. Una de las primeras cosas que hice fue comprar, en una librería del barrio latino, un ejemplar de Madame Bovary en la edición de Clásicos Garnier. Comencé a leerlo esa misma tarde, en un cuartito del hotel Wetter, en las inmediaciones del museo Cluny. Ahí empieza de verdad mi historia. Desde las primeras líneas el poder de persuasión del libro operó sobre mí de manera fulminante, como un hechizo poderosísimo. Hacía años que ninguna novela vampirizaba tan rápidamente mi atención, abolía así el contorno físico y me sumergía tan hondo en su materia. A medida que avanzaba la tarde, caía la noche, apuntaba el alba, era más efectivo el trasvasamiento mágico, la sustitución del mundo real por el ficticio. Había entrado la mañana -Emma y León acababan de encontrarse en un palco de la Ópera de Rouen- cuando, aturdido, dejé el libro y me dispuse a dormir: en el difícil sueño matutino seguían existiendo, con la veracidad de la lectura, la granja de los Rouault, las calles enfangadas de Tostes, la figura bonachona y estúpida de Charles, la maciza pedantería rioplatense de Homais, y, sobre esas personas y lugares, como una imagen presentida en mil sueños de infancia, adivinada desde las primeras lecturas adolescentes, la cara de Emma Bovary. Cuando desperté, para retomar la lectura, es imposible que no haya tenido dos certidumbres como dos relámpagos: que ya sabía qué escritor me hubiera gustado ser y que desde entonces y hasta la muerte viviría enamorado de Emma Bovary.
Així recorda Mario Vargas Llosa l’inici del seu romanç vitalici amb Madame Bovary, en una de les primeres pàgines del seu llibre La orgía perpetua. Tant si us interessen Flaubert i la seva obra com si no, aquest és un llibre que no us haurieu de perdre. L’entusiasme de Vargas Llosa és tan contagiós que, llegint-lo, segur que us agafen ganes de tornar a llegir de seguida (o de llegir-la per primer cop, si sou així d’afortunats) la què és, gairebé sense discussió, una de les millors novel·les que s’han escrit mai.
La orgía perpetua la trobareu a Alfaguara.

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