Fent amics
20/01/2012 2 comentaris
«El escritor inglés H.G. Wells definió alguna vez a su colega George Bernard Shaw como “un niño idiota gritando en un hospital”. Algún tiempo después, el estadounidense William Faulkner dijo de Ernest Hemingway que no había sido “nunca conocido por usar una palabra que remitiese al lector a un diccionario”; el autor de París era una fiesta respondió: “Pobre Faulkner, ¿de verdad cree que las grandes emociones las provocan las grandes palabras?” (Por cierto, en su afirmación no hay ninguna palabra que sea necesario buscar en el diccionario, así que es posible que Faulkner tuviera razón.) Joseph Conrad escribió sobre D.H. Lawrence: “mugre, nada más que obscenidades”, pero también recibió golpes, de Vladimir Nabokov en su caso, quien dijo: “No puedo soportar ese estilo de Conrad como de tienda de suvenires y sus clichés románticos de barcos en botellas y collares de conchas”. El escritor ruso nunca se caracterizó por la ecuanimidad de sus juicios sobre sus colegas (de hecho, sobre Hemingway opinó que era “un escritor de campanas, cojones y toros” y de Fiódor Dostoievski afirmó que “su falta de buen gusto, sus monótonos tratos con personas que sufren de complejos prefreudianos y la manera que tiene de revolcarse en las desgracias trágicas de la dignidad humana, todo eso es difícil de admirar”), pero apenas puede rivalizar con los grandes maestros del insulto literario en inglés, Dorothy Parker (quien opinó alguna vez “esta no es una novela para dejarla a un lado con ligereza: hay que tirarla con mucha fuerza” y dijo, sobre The Autobiography of Margot Asquith, “la historia de amor entre Margot Asquith y Margot Asquith vivirá para siempre en las páginas de la literatura romántica”), Gore Vidal (autor de las siguientes opiniones: “Truman Capote ha convertido la novela en una forma de arte, una forma de arte menor” y “Las tres palabras más desalentadoras en el idioma inglés son: ‘Joyce Carol Oates’” y que, al ser golpeado por Norman Mailer en una fiesta, le dijo antes de desmayarse: “Veo que las palabras te han fallado una vez más, Norman”), Ezra Pound y Oscar Wilde: el primero dijo sobre William Wordsworth que era “un hombre estúpido que hasta ahora no ha arruinado la moral de nadie, excepto, quizás, la de aquellas personas susceptibles a las que haya conducido al crimen en la mismísima furia de su aburrimiento”. Oscar Wilde opinó sobre Alexander Pope: “Hay dos maneras de sentir aversión hacia la poesía; la primera es tener aversión hacia ella, la segunda es leer a Pope”. Ninguno de ellos fue dejado sin castigo, sin embargo: Conrad Aiken afirmó sobre el primero que “en cuanto a estilo o forma, es difícil imaginar algo mucho peor que la prosa del señor Pound. Se trata de la fealdad y la torpeza encarnadas” y Gertrude Stein lo describió sardónicamente como “alguien que describía un pueblo. Excelente si eras un pueblo, pero si no lo eras, no”. Noel Coward, a su vez, definió a Wilde como un “cabrón pesado y afectado”.
(…) Sobre Jane Austen, por ejemplo, Ralph Waldo Emerson dijo que sus novelas eran “vulgares en tono, estériles en invención artística, prisioneras de las despreciables convenciones de la sociedad inglesa, sin genio, mordacidad ni conocimiento del mundo” y Mark Twain afirmó que “la sola omisión de los libros de Jane Austen convertiría en bastante buena a una biblioteca sin un solo libro” y agregó que “cada vez que leo Orgullo y prejuicio desearía desenterrarla y pegarle en el cráneo con su propia espinilla”. Por cierto, Twain reunió tantos argumentos contra la obra de cierto colega que le dedicó un ensayo, “Los delitos literarios de Fenimore Cooper”, y recibió a su vez el rapapolvo de William Faulkner, quien lo definió como “un escritorzuelo que no habría sido considerado de cuarta categoría en Europa, que engañó a algunos de los viejos esqueletos literarios a prueba de balas con suficiente color local para intrigar al superficial y al vago”.»
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Dos fragments inicials de l’article de Patricio Pron «Los frutos amargos de la dulce ira», publicat al número de desembre de 2011 de Revista de libros i al propi bloc de l’autor. Un article molt recomanable, i potser també molt discutible, sobre la decadència de l’insult literari en aquests temps nostres de xarxes socials en combustió, escriptors amb doble personalitat, blocaires en missió de rescat i denúncia i comentaristes anònims. Val la pena fer-li una ullada.
I si us heu quedat amb ganes de llegir més punyalades entre escriptors, aquí en teniu unes quantes que Patricio Pron ens regala de propina.
** A la imatge, Gore Vidal i Norman Mailer compartint espai vital sense gaire entusiasme. Al mig, Kurt Vonnegut vigilant que a cap dels dos no se’ls escapi un cop de puny.



El ball dels egos sempre resulta repugnant així, a l’engròs. Glups.
Mala llet + facilitat de paraula = això mateix. Però la veritat, Clídice, és que algunes d’aquestes “reyertas” entre escriptors fan gràcia…