Tolstoi i Sofia, albirant el final
27/10/2010 7 comentaris
«León Tolstoi i Sofía Tolstaia en el cuarenta y siete aniversario de su boda, en 1910. Ella, vestida como una novia con su vestido bordado de seda blanca, sigue mirando con ternura a su Liovochka, pero él ya tiene perdida su mirada de lobo —Iván Bunin describió así el aspecto salvaje de sus ojos— en un camino rebuloso y distante. Faltan pocos meses para su fuga del hogar y para su muerte. Parece mentira que la vida pueda separar tanto a dos seres que se han amado profundamente y que, en cierta manera, continuan amándose. Él siente que ella ha sido, en los años de su juventud, la víctima de su feroz instinto posesivo y de sus fogosas pasiones. Comprende también que Sofía no le haya seguido en la evolución de su alma hacia el desprendimiento y hacia la entrega al prójimo, porque “la vida interior de todo ser humano es un secreto entre él mismo y Dios”. Pero era imposible para Sofía seguir los infinitos y continuos cambios de carácter de su marido. Él mismo consideraba que, en su vida, había cuatro etapas fundamentales: primero, los años inocentes y radiantes de la infancia; luego veinte años de estupidez y vanidad, marcados por la fiebre posesiva de los sentidos; más tarde, después del matrimonio, la vida familiar honesta y ordenada pero tremendamente egoísta, sin más horizonte que la tranquilidad, el bienestar personal y el éxito; y, por último, lo que él llamaba su “regeneración moral” y que, para buena parte de la familia, era un martirio porque les obligaba a convivir con un monje herético o un profeta bíblico. Así había querido entregar todos sus bienes a los campesinos; pero ante las súplicas de Sofía —que pensaba en los hijos— repartió las propiedades entre su familia y, con gran escándalo de los suyos, renunció a sus derechos de autor sobre los últimos volumenes de sus obras completas.»
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Això ho escriu Mauricio Wiesenthal a l’àlbum d’imatges que tanca el seu llibre El viejo León: Tolstoi, un retrato literario, editat per Edhasa i disponible des d’ara mateix a Ca n’Altimira. Afegiré que Tolstoi va morir al mes de novembre d’aquell mateix any 1910, a l’estació de trens d’Astópovo, en meitat d’una absurda fugida cap a enlloc —un home de 82 anys, malalt i sense forces, a l’hivern de la Rússia dels tsars— que continua resultant avui dia, cent anys després, un final d’història absolutament commovedor.
El llibre de Wiesenthal, no cal dir-ho, fa una pinta immillorable.










