Roberto Bolaño, del bàndol de Cervantes
26/05/2011 Deixa un comentari
«Y ahora (…) recuerdo aquella página del Quijote en donde se discute sobre los méritos de la milicia y de la poesía, y supongo que en el fondo lo que se está discutiendo es sobre el grado de peligro, que también es hablar sobre la virtud que entraña la naturaleza de ambos oficios. Y Cervantes, que fue soldado, hace ganar la milicia, hace ganar al soldado ante el honroso oficio de poeta, y si leemos bien esas páginas (algo que ahora, cuando escribo este discurso, yo no hago, aunque desde la mesa donde escribo estoy viendo mis dos ediciones del Quijote) percibiremos en ellas un fuerte aroma de melancolía, porque Cervantes hace ganar a su propia juventud, al fantasma de su juventud perdida, ante la realidad de su ejercicio de la prosa y de la poesía, hasta entonces tan adverso. Y esto me viene a la cabeza porque en gran medida todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del cincuenta y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud, a una causa que creíamos la más generosa de las causas del mundo y que en cierta forma lo era, pero que en realidad no lo era. De más está decir que luchamos a brazo partido, pero tuvimos jefes corruptos, líderes cobardes, un aparato de propaganda que era peor que una leprosería, luchamos por partidos que de haber vencido nos habrían enviado de inmediato a un campo de trabajos forzados, luchamos y pusimos toda nuestra generación en un ideal que hacía más de cincuenta años que estaba muerto, y algunos lo sabíamos. (…) Y es ése el resorte que mueve a Cervantes a elegir la milicia en descrédito de la poesía. Sus compañeros también estaban muertos. O viejos y abandonados, en la miseria y en la dejadez. Escoger era escoger la juventud y escoger a los derrotados y escoger a los que ya nada tenían. Y eso hace Cervantes, escoge la juventud. Y hasta en esta debilidad melancólica, en este hueco del alma, Cervantes es el más lúcido, pues él sabe que los escritores no necesitan que nadie les ensalce el oficio. Nos lo ensalzamos nosotros mismos. A menudo nuestra forma de ensalzarlo es maldecir la mala hora en que decidimos ser escritores, pero por regla general más bien aplaudimos y bailamos cuando estamos solos, pues éste es un oficio solitario, y recitamos para nosotros mismos nuestras páginas y ésa es la forma de ensalzarnos y no necesitamos que nadie nos diga lo que tenemos que hacer y mucho menos que tras una encuesta nuestro oficio sea elegido el oficio más honroso de todos los oficios. Cervantes, que no era disléxico pero al que el ejercicio de la milicia dejó manco, sabía perfectamente bien lo que se decía. La literatura es un oficio peligroso.»
* * *
[Roberto Bolaño, sobre la dignitat de la joventut i sobre els perills de la literatura. I sobre Cervantes, aquell home entranyable que va patir com ningú la solitud i el menyspreu i les necessitats de la pobresa i que sempre va saber defensar l'alegria. El paràgraf prové del seu «Discurso de Caracas», un text llegit amb motiu de l'acceptació, l'any 1999, del Premi Rómulo Gallegos concedit a Los detectives salvajes. El discurs complet el trobareu a Bolaño salvaje, una molt variada col·leccio d'articles sobre l'escriptor xilè que inclou textos imprescindibles de col·legues seus com Juan Villoro, Rodrigo Fresán, Jorge Carrión, Enrique Vila-Matas, Alan Pauls o Jorge Volpi, entre molts d'altres. El llibre el va editar Candaya l'any 2008, té 500 pàgines i porta de regal un DVD amb el documental d'Erik Haasnoot Bolaño cercano. Tot plegat, d'allò més recomanable.]





